lunes, 20 de abril de 2026

REFLEXIÓN - Domingo 4º de Pascua. A 26 de abril de 2026

 

LA VOZ DEL PASTOR

“Salvaos de esta generación perversa”  Con esas palabras responde Pedro a las gentes que le preguntan qué han de hacer, tras escuchar de boca del Apóstol que Dios había constituido a Jesús como Señor y Mesías (Hch 2,14.36-41).

 La palabra de Dios nos ayuda a comprender que la salvación no viene de lo que nosotros tenemos o fabricamos. Es un don que recibimos gratuitamente del Salvador.

Con el salmo responsorial proclamamos a Jesucristo  como nuestro pastor  y nuestro guía: “El Señor es  mi pastor, nada me falta” (Sal 22).

De Pastor nos habla también la primera carta de Pedro: “Andabais errantes como ovejas, pero ahora os habéis convertido al pastor y guardián de vuestras almas” (1 Pe 2,25).

EL ENCUENTRO

En el domingo cuarto de Pascua todos los años recordamos la figura del Buen Pastor.  Este año, Jesús se aplica a sí mismo la imagen de la puerta del aprisco: “Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir y encontrará pastos”  (Jn 10,9).

 La puerta cierra la casa y defiende nuestra intimidad. Pero la puerta nos libera del encierro, facilita la salida para poder contemplar la belleza del  mundo creado por Dios.

Además, nos gusta decir a nuestros parientes y amigos que  nuestra puerta siempre estará abierta para acogerlos en nuestra casa.   

Así pues, en Jesús toda persona puede encontrarse con Dios. En Jesús, Dios se nos abre y manifiesta, nos sale al encuentro, nos acoge y nos perdona.

Por otra parte, Jesús nos advierte para que no abramos la puerta a los falsos redentores. Solo merecen nuestra acogida quienes llegan hasta nuestra casa trayendo la paz y la verdad.  

 EL DISCERNIMIENTO

En un domingo como este, el papa Francisco aludía a Jesús, diciendo que «las ovejas escuchan su voz; y a sus ovejas las llama una por una» (Jn 10,3).

Y añadía el Papa: “El Señor nos llama por nuestro nombre, nos llama porque nos ama. Pero también dice el Evangelio que hay otras voces que no debemos seguir: las de los extraños, ladrones y salteadores que quieren el mal de las ovejas”. Y sugería cómo diferenciarlas:

• La voz de Dios nunca obliga: Dios se propone, no se impone. La voz maligna seduce, asalta, fuerza: despierta ilusiones deslumbrantes, emociones tentadoras, pero pasajeras.

• La voz del enemigo nos distrae del presente y quiere que nos centremos en los miedos del futuro o en la tristeza del pasado. La voz de Dios dice: “Ahora puedes hacer el bien, ahora puedes practicar la creatividad del amor”. 

  • La voz que viene de Dios nos dice: “¿Qué es bueno para mí?”. En cambio, el tentador insistirá en otra pregunta: “¿Qué me apetece hacer?”. Qué me apetece: la voz del mal siempre gira en torno al ego, a sus pulsiones, a sus necesidades, al todo y ahora.

• La voz de Dios y la del tentador hablan en diferentes “ambientes”: el enemigo prefiere la oscuridad, la falsedad, el chismorreo; por el contrario, el Señor ama la luz del sol, la verdad, la transparencia sincera. 

- Señor Jesús, tú sabes que a veces nos sentimos confusos y agobiados. Nos cuesta mucho hacer un sencillo discernimiento. Que tu Espíritu nos ayude a escuchar tu voz y a no prestar atención a las voces del maligno. Amén.   

                                                                                             José-Román Flecha Andrés