lunes, 20 de abril de 2026

CADA DÍA SU AFÁN - 26 de abril de 2026

 

            DETENERSE, ESCUCHAR Y CONFIAR 

El día 27 de abril de este año 2026 se celebra la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. Con ese motivo, el papa León XIV ha publicado un mensaje en el que nos invita a descubrir “el don gratuito de Dios que florece en lo profundo del corazón de cada uno de nosotros”. Su reflexión se articula bajo cuatro palabras. 

1.“El camino de la belleza”. El texto griego del evangelio de Juan califica a Jesús como el Pastor bello. Recorriendo el camino que él nos indica, aprendemos a conocernos mejor a nosotros mismos y a conocer más de cerca a Dios que nos ha llamado.

El teólogo Pável Florenski ha escrito que la ascética no hace al hombre “bueno”, sino al hombre “bello”. Y así es. “El rasgo que distingue a los santos, además de la bondad, es la belleza espiritual deslumbrante que irradia quien vive en Cristo”. La vocación cristiana es participar de su vida, compartir su misión y reflejar su misma belleza.

2. “Conocimiento mutuo”. Toda vocación surge de la conciencia y de la experiencia de un Dios que es Amor. Él nos conoce profundamente y ha pensado un camino de santidad y de servicio para cada uno de nosotros.

Pero este conocimiento debe ser siempre mutuo. Estamos llamados a conocer a Dios por medio de la oración, de la escucha de su palabra, de los sacramentos, de la vida de la Iglesia y de la entrega a los hermanos y a las hermanas.

3. “Confianza”. Conocer al Señor significa, sobre todo, aprender a confiar en él y en su providencia, que se manifiesta en toda vocación.

Del conocimiento nace la confianza, esa actitud que es hija de la fe y es esencial tanto para acoger la vocación como para perseverar en ella. La vida se revela como un continuo confiar y encomendarse al Señor, aun cuando sus planes cambien los nuestros.

4. “Maduración”. La vocación no es una meta estática. Es un proceso dinámico de maduración, favorecido por la intimidad con el Señor. Crecer en la vocación implica caminar con Jesús, dejar actuar al Espíritu Santo en nuestro corazón y en las situaciones de la vida y releer todo a la luz del don recibido.

La vocación no es algo que nos ha sido “dado” de una vez por todas. Es un camino que se va desarrollando a lo largo de la vida de cada persona. “El don recibido, además de ser cuidado, debe alimentarse mediante una relación cotidiana con Dios para poder crecer y dar fruto”.  

El Papa presenta la vida de cada uno como una vocación de Dios. Así que se dirige a los jóvenes y a todos nosotros con una triple exhortación: “Deténganse, escuchen, confíen; de ese modo, el don de su vocación madurará, los hará felices y dará frutos abundantes para la Iglesia y para el mundo”.

 

José-Román Flecha Andrés