DETENERSE, ESCUCHAR Y CONFIAR
El día 27 de abril de este año 2026 se celebra la
Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. Con
ese motivo, el papa León XIV ha publicado un mensaje en el que nos
invita a descubrir “el don gratuito de
Dios que florece en lo profundo del corazón de cada uno de nosotros”. Su
reflexión se articula bajo cuatro palabras.
1.“El camino de la belleza”. El
texto griego del evangelio de Juan califica a Jesús como el Pastor bello. Recorriendo
el camino que él nos indica, aprendemos a conocernos mejor a nosotros mismos y
a conocer más de cerca a Dios que nos ha llamado.
El teólogo Pável Florenski ha
escrito que la ascética no hace al hombre “bueno”, sino al
hombre “bello”. Y así es. “El rasgo que distingue a los santos,
además de la bondad, es la belleza espiritual deslumbrante que irradia quien
vive en Cristo”. La vocación cristiana es participar de su vida, compartir su
misión y reflejar su misma belleza.
2. “Conocimiento mutuo”. Toda
vocación surge de la conciencia y de la experiencia de un Dios que es Amor. Él
nos conoce profundamente y ha pensado un camino de santidad y de servicio para
cada uno de nosotros.
Pero este conocimiento debe
ser siempre mutuo. Estamos llamados a conocer a Dios por medio de la oración,
de la escucha de su palabra, de los sacramentos, de la vida de la Iglesia y de
la entrega a los hermanos y a las hermanas.
3. “Confianza”. Conocer al
Señor significa, sobre todo, aprender a confiar en él y en su providencia, que
se manifiesta en toda vocación.
Del conocimiento nace la
confianza, esa actitud que es hija de la fe y es esencial tanto para acoger la
vocación como para perseverar en ella. La vida se revela como un continuo
confiar y encomendarse al Señor, aun cuando sus planes cambien los nuestros.
4. “Maduración”. La vocación no
es una meta estática. Es un proceso dinámico de maduración, favorecido por la
intimidad con el Señor. Crecer en la vocación implica caminar con Jesús, dejar
actuar al Espíritu Santo en nuestro corazón y en las situaciones de la vida y
releer todo a la luz del don recibido.
La vocación no es algo que nos
ha sido “dado” de una vez por todas. Es un camino que se va desarrollando a lo
largo de la vida de cada persona. “El don recibido, además de ser cuidado, debe
alimentarse mediante una relación cotidiana con Dios para poder crecer y dar
fruto”.
El Papa presenta la vida de
cada uno como una vocación de Dios. Así que se dirige a los jóvenes y a todos
nosotros con una triple exhortación: “Deténganse, escuchen, confíen; de ese
modo, el don de su vocación madurará, los hará felices y dará frutos abundantes
para la Iglesia y para el mundo”.
José-Román
Flecha Andrés