TRES VALORES PARA LA
CONVIVENCIA
Los Estados Unidos de Norteamérica están
celebrando en este mes de julio el 250.º aniversario de la
firma de la Declaración de Independencia. Aquel famoso documento reflejaba una
convicción que incluía la aceptación y promoción de los “ideales de libertad,
igualdad, la búsqueda de la felicidad, la justicia y el autogobierno
democrático”.
Así lo ha recordado el papa León XIV en la carta
que les ha enviado, para exhortarles a recordar algunos de los principios que
sustentaban aquella declaración y que han de orientar la responsabilidad de
este momento.
1.En primer lugar se ha referido a la libertad
religiosa, es decir al “derecho de toda persona a rendir culto según su
conciencia y a practicar su fe abiertamente, sin coacción ni temor”. Según él, la libertad religiosa defiende y
alienta tanto la dignidad individual como la coexistencia pacífica de un pueblo
que evidentemente es plural y muy diverso.
Es muy
oportuno subrayar que “la fe, lejos de oponerse a las responsabilidades de la
ciudadanía, infunde nuevo vigor a la búsqueda de la justicia, la paz y el bien
común, llevando a la perfección cada don natural otorgado por el Creador”.
2. Además, el Papa ha recordado la dignidad
otorgada por Dios a toda vida humana. Cada persona está dotada de un valor
intrínseco que exige respeto, protección y cuidado.
La dignidad de la persona lleva a “reconocer la
importancia de salvaguardar la vida humana desde su inicio, en la concepción,
hasta la muerte natural, y de construir una sociedad en la que a los
vulnerables, a los que sufren y a los olvidados se les trate siempre con
compasión, solidaridad y amor”.
3. Por otra parte, “la defensa de la vida humana
también incluye acoger, proteger y ayudar a los inmigrantes, cuyas esperanzas,
sacrificios y contribuciones han formado parte de la historia de este país
desde sus inicios”.
Ellos han contribuido en el pasado y contribuyen hoy
día a crear y mantener el país. “Recibirlos con compasión y generosidad no es
solo un acto de caridad, sino también un reconocimiento de la dignidad que
pertenece a toda persona humana”.
Citando su encíclica Magnifica Humanitas, el papa León XIV añade que “construir un mundo en el que todos
puedan florecer exige una corresponsabilidad valiente. Ninguna mano, por sí sola,
basta para sostener el peso de los desafíos que atraviesa el mundo”.
Y añade: “Nos necesitamos unos a otros, y debemos
trabajar juntos en unidad para enfrentar los desafíos que el mundo enfrenta hoy”.
Estos valores que recuerda, tan necesarios para la convivencia, no dependen de las leyes de un país, sino que se fundamentan en la dignidad de cada persona, sea cual sea su origen o su residencia, su edad o su condición social.
José-Román Flecha Andrés