martes, 27 de octubre de 2026

CADA DÍA SU AFÁN - 31 DE OCTUBRE DE 2026

 

ENTERRAR A LOS MUERTOS.

  1. Enterrar a los muertos es el último acto de servicio que podemos prestarles. Este acto tan importante ha definido siempre la cultura de un pueblo. De una forma o de otra, el respeto a los difuntos denota el respeto que en ella se concede a la persona.

El poeta León Felipe reflejó la incomodidad que nos produce la rutina cuando se apodera de los ritos del enterramiento: “Para enterrar a los muertos como debemos cualquiera sirve, cualquiera…menos un sepulturero”.

Hoy, este acto es utilizado a veces para hacer propaganda de las ideas y proyectos de un partido. En un mundo del consumo, los funerales se convierten en una actividad propicia para hacer negocios o para  suscitar un cierto morbo colectivo.

2. La Palabra de Dios no podía ignorar un acto que constituye un homenaje a los muertos. Abraham se preocupa por comprar en Hebrón una sepultura para enterrar a su esposa Sara. Allí será sepultado él por Isaac e Ismael  y también lo será Isaac. Jacob entierra a Raquel a las afueras de Belén y él pide a sus hijos que no dejen su cadáver en Egipto.    

Para ensalzar la virtud de Tobit se cuenta que daba sepultura a los hijos de su pueblo, deportados en Nínive, aunque esa compasión le mereciera denuncias y persecución. Entre los consejos que el anciano Tobit ofrece a su hijo está el de dar a su padre y a su madre una digna sepultura.  

3. Por otra parte, Jesús critica la falsa devoción de los que honran los sepulcros de los profetas, pero no siguen sus enseñanzas (cf. Mt 23,29).

  Los evangelios describen el cuidado y devoción con que algunos amigos y discípulos de Jesús, lo sepultaron al acercarse el descanso sabático. Por esa razón, pasado ya el sábado, las mujeres pretenden completar los ritos del sepelio. Es importante subrayar que precisamente esta decisión es la que favorece la manifestación del Señor resucitado.

4. En nuestros tiempos, la acción de enterrar o incinerar a los muertos es una obligación  ya determinada por las leyes. Sin embargo, si el “qué” se encuentra ya legalizado, todavía se puede reflexionar sobre “cómo” realizar este servicio final.

Para los cristianos, el modo de enterrar a los muertos puede y debe ser un gesto profético. Por él anunciamos el triunfo de la vida sobre la muerte y denunciamos la manipulación de la vida y de la muerte.  

5. Los funerales cristianos han de dar testimonio de la fe en la resurrección y han de ser una ocasión para anunciar, celebrar y servir el “evangelio de la vida”. Han de ser un signo de la esperanza cristiana. Y han de suscitar gestos para ejercer la caridad con la familia del difunto.

En consecuencia, un funeral puede convertirse en un signo de la importancia y la vigencia de las virtudes teologales en la vida cristiana.

                                                                                          Jose-Román Flecha Andrés