SOBRE EL PAN Y EL AGUA
Por decisión de las Naciones Unidas, el día 16 de octubre se celebra la Jornada Mundial de la Alimentación. Este año 2026 la Jornada tenía como lema “Innovar hoy para nutrir mañana”. Con este motivo, el papa León XIV ha dirigido al director general de la FAO, un mensaje que contiene unos puntos muy interesantes.
1. El progreso global, que avanza cada vez más
rápido, va acompañado de la persistencia del hambre y la pobreza. Este no es un
problema técnico ni económico, sino una profunda crisis antropológica y ética.
2. Innovar no consiste en reemplazar lo creado,
sino en penetrar con reverencia en las complejas leyes que salvaguardan la obra
salida de las manos del Creador.
3. La innovación que el mundo necesita no se mide
únicamente por la cantidad de grano obtenida, sino por la promoción de la
dignidad humana otorgada por Dios y por la integridad del ecosistema que el ser
humano está llamado a preservar.
4. El hambre se debe en gran parte a una falta de
voluntad política y de caridad colectiva. La escasez de alimentos no es algo
geográficamente inevitable.
5. Es intolerable que, en una época caracterizada
por un progreso técnico sin precedentes, el pan siga siendo un privilegio y el
agua una mercancía disputada.
6. El acceso regular a una alimentación inocua,
adecuada, suficiente y acorde con la dignidad de cada persona es un derecho
humano fundamental.
7. El pan no es un instrumento de presión
geopolítica ni un activo financiero volátil. Nunca debe utilizarse como arma de
guerra. Impedir que llegue a todos o destruir los medios que lo producen es una
terrible ofensa a la dignidad humana. El pan es precioso porque sostiene la
vida que Dios nos ha dado. Por eso debemos superar la tentación de pensar a
corto plazo.
8. Innovar hoy exige asumir una responsabilidad
intergeneracional que vaya más allá de los presupuestos anuales. Innovar
significa reconciliar tecnología con sabiduría, incluida la sabiduría
ancestral, sin perder de vista el futuro.
9. Es necesario establecer un nuevo orden
alimentario global en el que la innovación tecnológica esté subordinada de
manera incondicional al respeto de la dignidad humana otorgada por Dios y al
bien común universal.
10. Los recursos invertidos en la industria de la
guerra deberían desviarse, por un imperativo ético impostergable, hacia la
investigación agrícola sostenible y la regeneración de los suelos degradados.
Dicho de forma positiva y pensando en la esperanza, si la innovación nace del respeto al orden natural y de la justicia hacia los hambrientos, el mañana traerá consigo una mesa colmada que sacie a la humanidad.
José-Román Flecha Andrés