martes, 21 de julio de 2026

CADA DÍA SU AFÁN - 25 de julio de 2026

 

                                                               

LA SOLEDAD DE LOS ANCIANOS

El día 26 de julio, fiesta de los santos, Joaquín y Ana, se celebra la Jornada Mundial de los Abuelos y de las Personas Mayores. Con este motivo, el papa León XIV ha publicado un mensaje titulado con unas palabras que el libro de Isaías pone en la boca de Dios: “Yo no te olvidaré” (Is 49,15). He aquí algunas de las ideas principales:

1.La dolorosa sensación de ser olvidados es común en muchas personas, especialmente entre los mayores.

2.Hoy “sobre la vida de muchos mayores parece haberse extendido un velo que difumina los rasgos de los rostros y los cubre con el olvido”. Eso ocurre en las casas donde reina la soledad y en las instituciones donde la persona es reducida al número de su cama.

3.Es preciso visitar a los abuelos, a los mayores de la familia y a aquellos que no reciben ninguna visita, de forma que se produzca un tierno y afectuoso encuentro.

4.Sin embargo, en cualquier edad es posible descubrirse siempre como hijos e hijas de Dios.

5.Recordando su reciente encíclica, el Papa afirma que “la cultura digital multiplica las conexiones y ofrece nuevas posibilidades de encuentro; pero el corazón humano conserva una necesidad irrenunciable de proximidad”.

6.A veces se ve a los mayores como un peso. Muchos ancianos son abandonados por los hijos que se ven obligados a migrar o a combatir en la guerra. 

7.Como dijo el beato Juan Pablo I, “Dios tiene siempre abiertos los ojos sobre nosotros, incluso cuando parece que es de noche. Es padre; más aún, es madre”. 

8.Según san Agustín, Dios “es madre porque calienta, porque nutre, porque amamanta, porque custodia”. Nunca es tarde para comenzar a dirigirse a él.  

9.Por ser mayores no dejamos de ser hijos e hijas de Dios. Por eso sigue siendo válida la invitación a volver a los brazos de Dios. Su amor es paternal y maternal a la vez.

10.Hoy muchos descubren la ternura de Dios en el último tramo de la vida. Es posible hacerse mayores sin haber tenido una experiencia real de fe. Pero la edad avanzada puede convertirse en el tiempo oportuno para iniciar o retomar una vida espiritual. 

11.Cuando se acepta, la fragilidad abre el corazón a la ayuda mutua y a la invocación de Aquel que puede dar lo que ningún poder humano es capaz de garantizar: la reconciliación de los corazones y la paz verdadera. 

12.Es verdad que en la ancianidad somos “frágiles”, pero somos también “llamados”. Para garantizar la convivencia humana, no valen la arrogancia y el poder, sino la reconciliación y la paz verdadera.

Finalmente, el Papa exhorta a los mayores a orar por la paz, les agradece que oren por él y les desea que el Señor los renueve siempre en la fe, en la esperanza y en la caridad. Porque él nunca se olvida de los mayores.

                                                                                   José-Román Flecha Andrés