LA SOLEDAD DE
LOS ANCIANOS
El día 26 de julio, fiesta de los
santos, Joaquín y Ana, se celebra la Jornada Mundial de los Abuelos y de las Personas
Mayores. Con este motivo, el papa León XIV ha publicado un mensaje titulado con
unas palabras que el libro de Isaías pone en la boca de Dios: “Yo no te
olvidaré” (Is 49,15). He aquí algunas de las ideas principales:
1.La
dolorosa sensación de ser olvidados es común en muchas personas, especialmente
entre los mayores.
2.Hoy
“sobre la vida de muchos mayores parece haberse extendido un velo que difumina
los rasgos de los rostros y los cubre con el olvido”. Eso ocurre en las casas
donde reina la soledad y en las instituciones donde la persona es reducida al
número de su cama.
3.Es
preciso visitar a los abuelos, a los mayores de la familia y a aquellos que no
reciben ninguna visita, de forma que se produzca un tierno y afectuoso
encuentro.
4.Sin
embargo, en cualquier edad es posible descubrirse siempre como hijos e hijas de
Dios.
5.Recordando
su reciente encíclica, el Papa afirma que “la cultura digital multiplica las
conexiones y ofrece nuevas posibilidades de encuentro; pero el corazón humano
conserva una necesidad irrenunciable de proximidad”.
6.A
veces se ve a los mayores como un peso. Muchos ancianos son abandonados por los
hijos que se ven obligados a migrar o a combatir en la guerra.
7.Como
dijo el beato Juan Pablo I, “Dios tiene siempre abiertos
los ojos sobre nosotros, incluso cuando parece que es de noche. Es padre; más
aún, es madre”.
8.Según
san Agustín, Dios “es madre porque calienta, porque nutre, porque amamanta,
porque custodia”. Nunca es tarde para comenzar a dirigirse a él.
9.Por
ser mayores no dejamos de ser hijos e hijas de Dios. Por eso sigue siendo
válida la invitación a volver a los brazos de Dios. Su amor es paternal y
maternal a la vez.
10.Hoy
muchos descubren la ternura de Dios en el último tramo de la vida. Es posible
hacerse mayores sin haber tenido una experiencia real de fe. Pero la edad
avanzada puede convertirse en el tiempo oportuno para iniciar o retomar una
vida espiritual.
11.Cuando
se acepta, la fragilidad abre el corazón a la ayuda mutua y a la invocación de
Aquel que puede dar lo que ningún poder humano es capaz de garantizar: la
reconciliación de los corazones y la paz verdadera.
12.Es
verdad que en la ancianidad somos “frágiles”, pero somos también “llamados”. Para
garantizar la convivencia humana, no valen la arrogancia y el poder, sino la
reconciliación y la paz verdadera.
Finalmente,
el Papa exhorta a los mayores a orar por la paz, les agradece que oren por él y
les desea que el Señor los renueve siempre en la fe, en la esperanza y en la
caridad. Porque él nunca se olvida de los mayores.