LA MORAL DE LOISY
El año próximo va a cumplirse un siglo
de la publicación del libro “La Morale humaine” de Alfred Loisy (1923). Aquel
sacerdote, profesor del Instituto Católico de París, había sido acusado de
promover un “modernismo” doctrinal y había sido excomulgado en 1908.
La cuestión de la evolución del dogma
que él propugnaba había de reflejarse en la relativización de los juicios
morales. Sin embargo, con una cierta ironía sobre el racionalismo imperante en
la época, escribe Loisy que “los filósofos se han comportado, en general, como
si la moral humana estuviera esperando para ser provista de una base
suficiente, que sería puramente racional”.
Según él, “una vida moral es una vida
bella; pero no se es moral para hacer un buen papel en el mundo; se es moral
para ser moral, para ser lo que se debe ser, para ofrecer a la comunidad el
servicio que ella espera de nuestra parte.
En sí misma, la moral no es interés, ni placer, ni belleza, en el
sentido que ordinariamente se da a estas palabras; la moral es amor y entrega”.
Es más, como respondiendo a los que
buscaban esa base racional, escribe que “es totalmente claro que la moral no es
un fruto de la razón pura ni de la ciencia, sino que, como lo testimonia su
historia, es un fruto de la conciencia religiosa, la forma mística de la
actividad espiritual”.
En consecuencia, afirma Loisy que “una
sociedad no puede vivir de un contrasentido, de un divorcio absoluto entre la
cultura del espíritu y la moralidad verdadera, que es la moralidad religiosa.
Tal vez se llegue a percibir que es vano y ridículo pretender fundar únicamente
sobre la ciencia la educación moral de los individuos y el orden moral de las
sociedades. En lugar de ver el sentido religioso como una tara de la humanidad
antigua, se reconocerá en ella su herencia más preciosa… La moral es religión y
la verdadera noción de la moral es una noción religiosa, en relación con una
idea mística del hombre y de la sociedad
humana”.
Loisy ofrece el testimonio de su
propia esperanza: “Aparecerá cada vez
más que el respeto de la humanidad hacia nosotros y hacia los demás es un
sentimiento religioso y moral, y lo mismo ocurre con el amor y la entrega que
se vinculan a ese respeto. En cierto sentido, el respeto es toda la religión
como el amor y la entrega son toda la moral. Respeto, amor y entrega se dirigen a la humanidad que ya es, pero también
con vistas a la humanidad que debe ser, es decir, con vistas a un ideal místico
y religioso de la humanidad”.
A muchas personas les pueden parecer extrañas estas ideas en un hombre como Loisy. Él siempre manifestó que deseaba purificar la religión y renovar a la Iglesia. A un siglo de distancia, cabe preguntarse cómo se puede llegar a recuperar esa convicción, tan razonada y razonable, como sentida y esperada.
José-Román Flecha Andrés