lunes, 21 de febrero de 2022

CADA DÍA SU AFÁN 26 de febrero de 2022


LA MORAL DE LOISY

El año próximo va a cumplirse un siglo de la publicación del libro “La Morale humaine” de Alfred Loisy (1923). Aquel sacerdote, profesor del Instituto Católico de París, había sido acusado de promover un “modernismo” doctrinal y había sido excomulgado en 1908. 

La cuestión de la evolución del dogma que él propugnaba había de reflejarse en la relativización de los juicios morales. Sin embargo, con una cierta ironía sobre el racionalismo imperante en la época, escribe Loisy que “los filósofos se han comportado, en general, como si la moral humana estuviera esperando para ser provista de una base suficiente, que sería puramente racional”. 

Según él, “una vida moral es una vida bella; pero no se es moral para hacer un buen papel en el mundo; se es moral para ser moral, para ser lo que se debe ser, para ofrecer a la comunidad el servicio que ella espera de nuestra parte.  En sí misma, la moral no es interés, ni placer, ni belleza, en el sentido que ordinariamente se da a estas palabras; la moral es amor y  entrega”.

Es más, como respondiendo a los que buscaban esa base racional, escribe que “es totalmente claro que la moral no es un fruto de la razón pura ni de la ciencia, sino que, como lo testimonia su historia, es un fruto de la conciencia religiosa, la forma mística de la actividad espiritual”.

En consecuencia, afirma Loisy que “una sociedad no puede vivir de un contrasentido, de un divorcio absoluto entre la cultura del espíritu y la moralidad verdadera, que es la moralidad religiosa. Tal vez se llegue a percibir que es vano y ridículo pretender fundar únicamente sobre la ciencia la educación moral de los individuos y el orden moral de las sociedades. En lugar de ver el sentido religioso como una tara de la humanidad antigua, se reconocerá en ella su herencia más preciosa… La moral es religión y la verdadera noción de la moral es una noción religiosa, en relación con una idea mística del hombre  y de la sociedad humana”.

Loisy ofrece el testimonio de su propia  esperanza: “Aparecerá cada vez más que el respeto de la humanidad hacia nosotros y hacia los demás es un sentimiento religioso y moral, y lo mismo ocurre con el amor y la entrega que se vinculan a ese respeto. En cierto sentido, el respeto es toda la religión como el amor y la entrega son toda la moral. Respeto, amor y entrega  se dirigen a la humanidad que ya es, pero también con vistas a la humanidad que debe ser, es decir, con vistas a un ideal místico y religioso de la humanidad”.

A  muchas personas les pueden parecer extrañas estas ideas en un hombre como Loisy. Él siempre manifestó que deseaba purificar la religión y renovar a la Iglesia. A un siglo de distancia, cabe preguntarse cómo se puede llegar a recuperar esa convicción, tan razonada y razonable, como sentida y esperada.

                                                                             José-Román Flecha Andrés