miércoles, 8 de diciembre de 2021

CADA DÍA SU AFÁN 11 de diciembre de 2021

 El TIEMPO DE LA ANTORCHA

“Si la esperanza se apaga y la Babel se comienza, ¿qué antorcha iluminará los caminos en la tierra?” Tenía veinte años cuando Federico García Lorca incluyó esos versos en el romance de su “Canción otoñal”.

Ha pasado más de un siglo desde aquel mes de noviembre de 1918, pero la pregunta sigue teniendo el valor que siempre tuvo. El valor y el significado. El valor y la interpelación. Porque la esperanza no es prescindible. La esperanza en un ingrediente fundamental de la humanidad.

Pedro Laín Entralgo diría unos años más adelante que el ser humano necesita esperar y ser esperado. Pero en nuestra sociedad tenemos la tentación de cosificar esa tendencia. Trabajo nos ha costado comprender que “creer que algo” ha sucedido o va a suceder no es lo mismo que “creer en alguien”.

Y tal cual ocurre con la esperanza. No acabamos de comprender que “esperar algo” no es lo mismo que “esperar a alguien”. Es cierto que en ambos casos nos situamos en una posición de aguardo que, por sí misma exorciza y aleja de nosotros el temor. Pero no anula el deseo ni extingue el anhelo.

La atención del que cree en algo o en alguien y el nerviosismo del que espera algo o espera a alguien no pueden sumir a la persona en una pasividad somnolienta y desentendida. Ambas actitudes, tal vez momentáneas, están llamadas a convertirse en hábitos y, finalmente en virtudes.

Los cristianos las calificamos como virtudes “teologales”. Y no solo porque tengan a Dios (Theós) como destino, sino porque lo reconocemos como sujeto y origen de esa pasión. Creemos en Dios porque él ha creído en nosotros. Esperamos a Dios porque él nos espera. Cree y espera porque ama.

Y como el amor es siempre activo y generador de vida, sabemos que creer  es crear y que esperar es operar. Al igual que las “obras son amores, y no buenas razones”, así la fe se manifiesta en el compromiso y la esperanza en el testimonio, que en griego se dice “martiría”.

Decimos que el Adviento es tiempo de esperanza. Habrá que velar para que esta Babel no nos fije solo en las cosas, que al final terminan por “acosarnos”. El Adviento es un tiempo cuasi sacramental de espera humana a lo divino y de esperanza divina de quien se ha enamorado de lo humano.

No podemos limitarnos a esperar regalos y sorpresas. No debemos vivir el aguardo entre la rutina y la simple “ilusión”, que siempre significa engaño, según dicen. Estamos llamados a esperar la manifestación de lo divino en el escenario del “gran teatro del mundo”.

El Adviento enciende nuestra antorcha. No olvidemos que la Navidad no es una fiesta como otras. Celebramos que Dios se ha hecho hombre para que los humanos lleguemos a ser divinos. Con razón nuestros abuelos decían que “se armó la de Dios es Cristo”. ¡Pues eso y nada menos!

                                                                      José-Román Flecha Andrés