LA
DIÓCESIS
En muchos lugares, el tercer domingo del mes de noviembre suele
celebrarse el Día de la Iglesia Diocesana. Evidentemente, hay circunstancias
que pueden aconsejar celebrar en otra fecha esta importante conmemoración. Lo
importante es que los católicos tengamos una idea clara de lo que significa
pertenecer a una diócesis concreta.
El Catecismo de la Iglesia Católica nos presenta la diócesis
como “una comunidad de fieles cristianos en comunión en la fe y en los
sacramentos con su obispo ordenado en la sucesión apostólica”. Esta
presentación refleja la vida de una comunidad con más viveza que la definición
de tipo territorial que nos ofrece el Diccionario.
Y quizá ahí se puede ya descubrir uno de los problemas que
afectan al pueblo de Dios cuando se menciona la diócesis. Con demasiada
frecuencia nos fijamos más en los límites del territorio que en la vida, la
memoria, los sueños y las esperanzas de los creyente en Jesucristo que viven y
trabajan en ese territorio.
Una Iglesia Diocesana es una comunidad cristiana que ha
descubierto su vocación de vivir en la unidad de la fe, en el anhelo de la
esperanza, en el servicio de la caridad. Una comunidad que, guiada por el
Espíritu Santo, trata de vivir y anunciar los valores que el Padre nos ha
revelado en Jesucristo.
Una diócesis es una comunidad de fieles que, unidos a su pastor,
camina por el mundo tratando de seguir a
Jesús. Y que sabe que para seguir a su Maestro ha de aprender cada día a
“salir” de sí misma para ir al encuentro de los hombres y mujeres que viven en
las periferias existenciales de este mundo. Así lo repite una y otra vez el
Papa Francisco.
Así pues, la identidad de una Iglesia Diocesana se manifiesta en
la comunión que mantiene y celebra para llevar a cabo la misión que le ha sido
confiada. O dicho de una forma más casera y familiar, el “ser” de una diócesis se manifiesta en su
“hacer”. No en vano trata de seguir al Maestro. que no vivo a ser servido sino
a servir.
No es ociosa esa
referencia familiar. De hecho, los cristianos católicos vemos la diócesis más
como una familia que como una estructura administrativa. O, al menos, eso es lo
que hemos de procurar. Nos gozamos de pertenecer a esta familia de fe. Le
agradecemos este don inmerecido y procuramos responder a él con generosidad.
“Amor con amor se paga”, dice el refrán. A la fe con fe se
corresponde. Y a la esperanza recibida se colabora con el gozo de una esperanza
compartida en la misión a todas las gentes del ancho mundo. Y, antes que nada y
antes que nadie, en la misión y el servicio a las personas que están más cerca
de nosotros.
Que la celebración del día de la Iglesia Diocesana nos ayude a
conocerla más y mejor. Que nos lleve a preguntarnos por sus prioridades
apostólicas y por los caminos de misión en los que se refleja su fe y su vida.
Y que nos motive para colaborar con lo mejor de nuestras fuerzas y en la
posibilidad de nuestros medios.
José-Román
Flecha Andrés
