SOLEDAD, AMOR Y FAMILIA
El día 4 de octubre de este año 2015, el papa Francisco abría la Asamblea
del Sínodo de Obispos, dedicada esta vez al tema de la familia. En su
homilía se detenía a considerar estos tres temas: el drama de la soledad, el amor entre el
hombre y la mujer, y la familia.
1. Con relación al primero, decía que hoy “vemos muchas casas de lujo, pero
cada vez menos calor de hogar y de familia; muchos proyectos ambiciosos, pero
poco tiempo para vivir lo que se ha logrado; tantos medios sofisticados de
diversión, pero cada vez más un profundo vacío en el corazón; muchos placeres,
pero poco amor; tanta libertad, pero poca autonomía”. En este
mundo, “el amor duradero, fiel, recto, estable, fértil es cada vez más objeto
de burla y considerado como algo anticuado.
2. El Papa recordaba además que “el sueño de Dios para su criatura predilecta es verla realizada en la
unión de amor entre hombre y mujer; feliz en el camino común, fecunda en la
donación reciproca”. Es Dios quien une
los corazones de un hombre y una mujer que se aman y los une en la unidad y en
la indisolubilidad. “El objetivo de la vida conyugal no es sólo vivir juntos,
sino también amarse para siempre”.
3. En un tercer momento, el Papa afirmaba que “para Dios, el matrimonio no es una utopía de adolescente, sino un sueño
sin el cual su creatura estará destinada a la soledad. En efecto, el miedo de
unirse a este proyecto paraliza el corazón humano”. Aunque se burle de este
plan, “también el hombre de hoy permanece atraído y fascinado por todo amor
autentico, por todo amor sólido, por todo amor fecundo, por todo amor fiel y
perpetuo. Lo vemos ir tras los amores temporales, pero sueña el amor autentico;
corre tras los placeres de la carne, pero desea la entrega total”.
El papa Francisco ha afirmado que,
“en este contexto social y matrimonial bastante difícil, la
Iglesia está llamada a vivir su misión en la fidelidad, en la verdad y en la
caridad”.
La fidelidad
la lleva a promover el amor fiel y animar a las familias a defender
la sacralidad de la vida así como la unidad y la indisolubilidad del vinculo
conyugal.
Por medio del servicio a la verdad, la Iglesia “protege al hombre
y a la humanidad de las tentaciones de autoreferencialidad y de transformar el
amor fecundo en egoísmo estéril, la unión fiel en vinculo temporal”.
Y, en virtud de
la caridad, no señala con el dedo para juzgar a los demás, sino que “se siente en el deber de buscar y curar a
las parejas heridas con el aceite de la acogida y de la misericordia”. La
Iglesia es como un «hospital de campo», con las puertas abiertas para acoger a
quien llama pidiendo ayuda y apoyo. Es más, trata de salir hacia los demás con
amor verdadero, “para caminar con la humanidad herida, para incluirla y
conducirla a la fuente de salvación”. Así cumplirá la Iglesia la misión del
buen samaritano que le ha sido confiada.
José-Román Flecha Andrés
